Hay encuentros que no pertenecen a este mundo.
No suceden por casualidad ni por voluntad humana.
Ocurren porque dos almas han caminado juntas antes, y vuelven a reconocerse cuando el tiempo les concede una nueva oportunidad.
Giovanni no sabía que aquella mañana -bajo el cielo gris de otoño, entre pasillos universitarios y libros abiertos- su vida iba a dividirse en dos.
Juliet tampoco lo sabía cuando cruzó la puerta del aula con la certeza de quien aún no conoce el amor ni sus consecuencias.
No se buscaban.
No estaban preparados.
No sabían que estaban destinados.
El vínculo que nació entre ellos no se construyó con palabras, sino con silencios, miradas, intuiciones y una sensación profunda de familiaridad imposible de explicar. Como si algo invisible los uniera desde antes de este tiempo, desde antes de este mundo.
Pero amar temprano es aprender a perder.
Y crecer es descubrir que no siempre sabemos sostener lo que más importa.
La vida los empujó por caminos distintos: continentes, decisiones, ausencias, promesas incumplidas. Sin embargo, aquello que fue verdadero nunca dejó de latir en el fondo de sus existencias, esperando el momento exacto para despertar.
Porque algunos amores no terminan.
Se transforman.
Maduran.
Y regresan cuando el alma finalmente está lista para comprenderlos.
Esta es la historia de un amor que desafió al tiempo.
De dos almas que se buscaron en todos los planos.
De un hilo invisible que jamás dejó de sostenerlos, incluso cuando creyeron haberse perdido.
Y de la certeza más antigua del universo:
nada verdadero se rompe para siempre.