Este libro no solo ofrece la biografía de un hombre; es el análogo de un "mito fundacional" palpable, olvidado en el polvo de la historia. Saturnino Ibarguren, "Aita Bedeinka", no fue un simple misionero. Fue, según estas páginas, la encarnación de un probable relato fundacional para la Euskal Herria moderna, un santo que forjó con su vida una épica identitaria.
La hipótesis deducida de este trabajo, es -modestamente- audaz y poderosa. La vida del Padre Ibarguren puede leerse como el mito fundacional de la identidad actual del pueblo vasco católico. No es una odisea de héroes mitológicos paganos, sino una gesta espiritual que tuvo los cimientos del imaginario vasco como -el tubalismo, el vasco-iberismo, la idea de un pueblo elegido y cristiano desde sus orígenes- y los encarnó en un hombre de fe. Él es el héroe santo que recorrió, a pie y con un crucifijo, cada rincón de un territorio que comenzaba a concebirse como nación unificada bajo la Archidiócesis de Vitoria, primera entidad jurídica que unificó las provincias vascas.
Lo que hizo de su vida un mito fundacional, nace de las raíces más profundas del Euskaldun Fededun -el vascoparlante, católico, estricto y obediente-, el ideal humano que el tradicionalismo veneraba. Un héroe que personificaba los valores de su pueblo como la prudencia, seriedad, sacrificio o inflexible en la moral. No predicaba desde un púlpito lejano; se enfangaba en la lucha contra el liberalismo y la secularización, usando como armas el confesionario, el sermón y las misiones populares. Un embajador de Dios en un mundo que empezaba a mirar a los Derechos Humanos más que al infierno. Forjando una identidad en su recorrido apostólico por toda Vasconia -desde los pescadores de Lekeitio hasta los mineros de Somorrostro- no fue solo evangelización. Fue una bendición ritual del territorio, un acto simbólico que tejía una comunidad espiritual unida por su paso. Convirtiendo así el "mito" inalcanzable en un "hito" histórico y verificable. Además de esa conexión con lo sagrado donde su vida fue un puente entre el cielo y la tierra vasca. Su fama de santidad, su inquebrantable fe y su muerte ejemplar lo sitúan en la estirpe de los elegidos.
Su gesta trascendió el País Vasco. Su epopeya continuó en Cuba, donde fue el "apóstol de Vuelta Abajo" y salvaguardó la fe en Pinar del Río, culminando en Colombia, donde descansa en la cripta de la iglesia de San Pedro Claver de Cartagena. Sin embargo, su memoria fue sepultada dos veces: por la expulsión de los jesuitas en la Segunda República española y por la represión franquista al clero vasco nacionalista. Un santo incómodo para todos los bandos de una España convulsa.
Este libro es, por tanto, más que una biografía. Es una arqueología de un símbolo potentísimo, recuperado por el azar de una búsqueda familiar entre los pobres y olvidados de un barrio de Sagua la Grande. Es poner sobre la mesa la hipótesis de que la cohesión de un pueblo puede forjarse no solo con leyendas ancestrales, sino con la vida ejemplar y militante de un santo contemporáneo.
Invitamos al lector a este viaje épico, a seguir los pasos del hombre que, con la bendición "Bedeinka" en los labios, quizás fue el cimiento espiritual de un pueblo. A descubrir la historia oculta de un mito posible, y a confrontarse con la pregunta: ¿Fue Saturnino Ibarguren el último héroe de un Antiguo Régimen que se desvanecía, o la semilla fundacional de una identidad que perdura?
Alexander Cañizares no solo presenta un libro. Desentierra una epopeya.