Bogotá, ciudad de contrastes, de cielos nublados, tamales con chocolate y promesas que se evaporan a más de 2600 metros sobre el nivel del mar. En medio de sus cerros majestuosos, hay uno que no solo ve pasar peregrinos, turistas y selfies domingueros, sino también novios que suben ilusionados... y bajan bloqueados del WhatsApp.
Monserrate, ese santuario donde la fe se eleva, las rodillas se desgastan y las relaciones amorosas... se desmoronan. Algunos dicen que el lugar está bendecido. Otros aseguran que está maldito, al menos para los enamorados. Lo cierto es que este cerro se ha ganado una fama que ni el mejor community manager podría haber planeado: el "rompecorazones natural" de la capital.
Subir con pareja a Monserrate es, para muchos, como jugar a la ruleta rusa emocional. Algunos lo hacen por romanticismo, otros por presión social ("es que todo el mundo sube"), y unos cuantos, más valientes o ingenuos, lo ven como una prueba de amor. Pero lo que muchos no saben es que allá arriba, junto al Señor Caído, puede estar esperándolos el Santo de las Rupturas y el Espíritu de las Indirectas Pasivo-Agresivas.
Los testimonios abundan. "Subimos tomados de la mano y bajamos con la bendición... del soltero", cuentan algunos. Otros no alcanzan ni a llegar al teleférico: se pelean en la fila porque él no quería subir caminando o ella olvidó el cargador del celular para la foto del recuerdo. Y entonces el mito se fortalece, porque ya no es solo leyenda urbana, es experiencia colectiva, es anécdota de oficina y conversación de sobremesa: "A mi primo le pasó... y terminaron".
Pero más allá de la risa, los mitos y los despechos con vista panorámica, Monserrate también invita a reflexionar. ¿Será que el cerro tiene poderes místicos? ¿O será que subir con alguien a un lugar tan lleno de simbolismo, promesas, historia y energía, revela lo que realmente hay en una relación? ¿O simplemente es el mal de altura el que nos hace tomar malas decisiones?
Sea como sea, Monserrate no deja a nadie indiferente. Para algunos es lugar de oración, para otros de separación. Algunos buscan un milagro, otros pierden la fe... en su pareja. Lo cierto es que cada escalón que subes no solo pone a prueba tus rodillas, sino también tus emociones. Y como dicen por ahí: "si el amor sobrevive a Monserrate, merece una segunda cita... o mínimo una misa."
En el libro se presenta una encuesta, una serie de tipologías y reflexiones finales.