En 1513, mientras Italia se desangraba bajo el fuego de las potencias europeas, Nicolas Maquiavelo, desterrado y en desgracia, escribio un manual de gobierno que rompia con quinientos anos de tradicion. Frente a los tratados medievales que exhortaban al principe a ser bueno y virtuoso, Maquiavelo oso preguntarse que debe hacer realmente un gobernante para conservar el poder y garantizar la estabilidad de sus estados. La respuesta, expuesta con una claridad desconcertante, sigue escandalizando cinco siglos despues: el principe debe aprender a no ser bueno cuando las circunstancias lo exijan. Debe saber mentir, fingir, ser avaro si es necesario, y emplear la crueldad bien usada, de una sola vez y por necesidad cuando no quede otro remedio . Pero, sobre todo, debe poseer la virtud de adaptarse a los tiempos, porque la fortuna esa diosa caprichosa que decide la mitad de nuestras acciones solo se deja vencer por los audaces. Lejos de ser un libro inmoral, El Principe es un analisis implacable de los mecanismos reales del poder. Y en sus paginas finales, un Maquiavelo conmovido levanta la vista del papel para mirar a su patria desgarrada y lanzar una arenga ardiente: la invitacion a liberar Italia de los barbaros. Un libro pequeno, quemado en efigie, prohibido por la Iglesia y leido a escondidas por reyes y revolucionarios. Una obra que, como su autor, sigue siendo incomoda y necesaria.